La generación de los huérfanos políticos

Por Pedro Pablo Cortés

El 2018 apenas inicia, pero ya es evidente que será un año decepcionante en el panorama político mexicano.

Hemos vivido un sexenio en el que se han roto récords de violencia, los escándalos de corrupción han sobrado y, sobre todo, ha imperado la incompetencia en asuntos de política interna y exterior.

Después de estos años, creímos que había llegado la oportunidad de cambiar, de renovar el sistema político o, por lo menos, de tener candidatos competentes.

Pensamos que lo menos que podíamos pedir eran presidenciables competentes, con el poder de movilizarnos a las urnas y con la capacidad de inspirarnos.

En su lugar, afrontamos un escenario desolador con candidatos mediocres, por decir lo menos.

En vez de ser un año de optimismo, el actual proceso electoral confirma que los jóvenes en México somos la generación de los huérfanos políticos.

Recuerdo a mis padres durante las votaciones presidenciales el 2000. Mi papá veía en Vicente Fox y mi mamá en Cuauhtémoc Cárdenas candidatos que representaban la esperanza de escribir una nueva historia.

No importaba si era desde la izquierda o la derecha, había líderes que ofrecían una visión distinta, que inspiraba.

Hoy, la reputación de esas figuras se ha desbaratado, como muestra de la decadencia en la que ha caído el sistema político mexicano, pero al menos nuestros padres tuvieron la oportunidad de creer en alguien.

Veo con envidia que hay otros países en los que esto no sucede y a veces pienso que el candidato y el partido con los que me identifico están allá afuera.

Pese al triunfo electoral de Donald Trump, en Estados Unidos hay figuras como Barack Obama, Hillary Clinton y Bernie Sanders que inspiran con sus políticas o personalidad a los jóvenes votantes.

En Reino Unido, Jeremy Corbyn, el líder del partido laborista, moviliza a una nueva generación de votantes, y en España, organizaciones políticas como Podemos renuevan la participación de los ciudadanos.

En Latinoamérica también ocurren cosas similares.

En Chile, Beatriz Sánchez, excandidata presidencial del recién formado Frente Amplio significó una sorpresiva fuerza política al ganar una quinta parte de los votos en la primera vuelta electoral.

Incluso en Argentina, hay un fuerte debate ideológico entre aquellos afines a las políticas de derecha del presidente Mauricio Macri y quienes manifiestan su oposición desde la izquierda.

Y ahí está la clave. No importa en qué parte del espectro político estén, en los ejemplos mencionados hay diálogos ideológicos coherentes.

Aunque de forma imperfecta, estos políticos discuten ideas, escuchan a los grupos de presión que representan y ofrecen una agenda con la mayor congruencia que les es posible.

Quizá por la herencia del priismo, la mayor desgracia de nuestro sistema político es la ausencia de un verdadero debate ideológico.

Nuestros presidenciables no debaten propuestas, acusan a los otros de ser los más corruptos. Nuestros candidatos no ofrecen planes, aseguran a gritos que son los más puros. Nuestros políticos no tienen un proyecto de nación, sólo buscan consolidar a su grupo en el poder.

Los ejemplos de esta incongruencia son vastos y obvios.

El PRI ha elegido a José Antonio Meade por ser un candidato que tiene como mayor cualidad no ser priista. Pero, en una extraña ironía, se ha dedicado a embarrarlo de priismo desde los primeros días de campaña.

El PAN, el PRD y Movimiento Ciudadano se han unido en una alianza antinatural en la que han dejado fuera temas “polémicos” como los derechos sexuales y reproductivos, pero han adoptado políticas como el ingreso básico universal que, de manera irresponsable, no han explicado.

Y en Andrés Manuel López Obrador tenemos un candidato de “izquierda” que pide invertir en refinerías, restaurar el regresivo subsidio a los combustibles fósiles, mantener a militares en las calles con su idea de Guardia Nacional y que se alía con un partido ultraconservador que tiene como principal misión discriminar a las mujeres y a la comunidad LGBT+.

Por eso, gane quien gane la presidencia, México seguirá sin un líder.

Y los jóvenes seguiremos huérfanos.

Un comentario sobre “La generación de los huérfanos políticos

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  1. ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Felicidades!!!!!!!!!!! Y por desgracia, aunque no soy tan joven, coincido contigo y todavía le sumaría a la orfandad una apatía.

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