La Ciudad de los Malditos

Por: Antonio Herrera

En el norte llovieron balazos sembrando varios cadáveres que empezaron a ser identificados horas más tarde, cuando las almas de los que aún viven, empezaron a temer por los maleficios de la ciudad, susurraron rezos para ellos y por sus seres queridos.   

En el centro, varios demonios golpearon a un niño llevándolo a la sombra, chuparon lo poco de inocencia que esta ciudad le heredó.

El anochecer llegó sin ocaso siendo aún más oscura que antes.

La ciudad es grande. Hay ecos por callejuelas y avenidas. Tiene algunos palacios, muchas aldeas donde la gente fue y va llegando, y tantos misterios y leyendas como personas. Para llegar ahí hay que hacer varios sacrificios y hay que rezar para tener un poco de suerte al poder salir. No es que te vayan a matar, pero la causalidad de ahí lo hace probable, pues se han colgado muñecas para asustar a malos espíritus.

También hay que decir que en ella deambulan almas y seres malignos que caminan incluso de día, algunos disfrazados de ayuda y socorro, pero son invasivos y llegan a apoderarse del inocente y de los trastornados.

-Padre nuestros que estás en el cielo…- cinco balazos más.

Abajo, arriba del infierno, se abren las puertas del metro y por fin pueden entrar. Dejan ilusiones en cada parada y cargando con el cansancio que provoca un mal de ojo, van arrastrando los pies con ampollas ensangrentadas, pero alguien les ofrece agua con sal por un pedazo de aliento.  

Con un cuchillo apuñalaron a cinco una hora antes de que alguien en motocicleta secuestrara varias ilusiones que no dejaron ni que florecieran en el jardín con bastante maleza. Un bebe llora y su padre, por no poder con él, lo mata junto con el resto de la familia, el desconocido se suicida pidiendo perdón donde los ángeles no escuchan ni se acercan.  

Echan la brujería desde Tlaxcala y de Catemaco. Le rezan al Niño Fidencio para que les regrese al hijo que fue embrujado y obligado a matar. Le rezan con las rodillas ensangrentadas a la virgen de Guadalupe para que no los enfermen de más. Descuartizan a una gallina enfrente de La Cruz de barro negro para que su muertito llegue con bien.

Algunos bailan con plumas en la cabeza fuera del Templo Mayor por Coyolxauhqui, algunos otros creen que la luna llena pronostica un temblor. La ciudad les asusta, aunque se cuelguen jadeítas u obsidianas para enfrentar al destino.

Varias veladoras iluminan un Mal Verde para la muerte de Peña Nieto. Le clavan los ojos con agujas y le tuercen los brazos como cuellos de gallina. Le escupen y le maldicen esperando que se le regrese en muerte todo lo que mató en vida.

Y otras veladoras más para protegerse de otro terremoto y una limpia con hojas de pirul para eliminar todas las malas vibras. Y un padre nuestro y varios rosarios mal rezados por su protección.

“Las nubes pronostican heladas”, así que el maíz va a nacer tarde. Y le cuelgan chiles a los árboles para que florezcan pronto y no caigan en maldición, pero la primavera no va a llegar hasta que el higo empiece a brotar.

Por la tarde la ciudad es grisácea, tiempo que pronostica escasez y avaricia. Y son tantas las tardes grises que también se pronostica enfermedad y tiempos turbulentos.  

– “Ay, mis hijos…”. – se escucha el lamento en cada esquina.  

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