Aceptarse como introvertido

Por Pedro Pablo Cortés

Ya no puedo más, tengo que confesarlo.

Tal vez muchos ya lo sospechen, y otros más finjan incredulidad aunque por dentro ya lo sabían desde hace tiempo.

Soy introvertido de clóset.

Hace algunos años, cuando estaba en la universidad y poco después de graduarme, lo peor que podía pasarme era no salir los viernes.

Me sentía fracasado si llegaba el fin de semana y no tenía un plan que involucrara una noche de locura en un antro o alguna combinación de amigos y alcohol.

Esta obsesión me ha causado problemas con mis parejas y me hacía gastar de forma innecesaria.

Pero muchas veces, aunque no todas, me apartaba de la multitud en alguna fiesta o antro para preguntarme a mí mismo qué estaba haciendo ahí.

En el fondo habría preferido quedarme en casa a disfrutar Grey’s Anatomy, una cena con drinks coquetos o una plática tranquila y seudoprofunda con cheves.

Por eso hoy me declaro introvertido sin tapujos, sin pena, sin vergüenza.

Tal vez sea porque he cumplido 26 años y he dejado atrás ese estándar juvenil que mide el éxito con base en un extraño concepto de “vida social”.

O quizá sea que, de forma paradójica, mi empleo me ha alienado de la sociedad y me hace rehuir al contacto humano.

Es probable que mi actual relación sentimental haya puesto un alto a mi locura y noches de decadencia.

Pero, tras pensarlo un poco, la realidad es que siempre he sido así y ahora estoy aceptándome a mí mismo.

Desde que tengo memoria he sido tímido y he sufrido ataques de ansiedad social.

Mi incapacidad para interactuar con desconocidos o pedir información me ha traído problemas en incontables ocasiones.

Hacer nuevos amigos siempre me ha parecido un reto tormentoso y, en particular, nunca me ha sido sencillo socializar con otros hombres.

Hablar por teléfono con extraños suele ser un suplicio, e iniciar conversaciones casuales con alguien es doloroso.

Sé que no estoy solo en esto.

Se calcula que entre un tercio y la mitad de las personas son introvertidas, informa el Huffington Post.

Al menos 7 por ciento de la población de Estados Unidos ha sufrido ansiedad social alguna vez en su vida, reporta la revista Psychology Today.

Vice describe a los millennials como la generación que ha descubierto que salir apesta.

Ahora entiendo que lo mejor es serle fiel a quien soy.

Me encanta hablar en público, conocer nuevas personas en ambientes controlados, participar en asociaciones y, claro, de vez en cuando bailar como si no hubiese mañana.

Pero hoy sé que quedarme en casa a disfrutar de un vino o una cheve mientras veo una película cursi no está mal. Al contrario, es la gloria.

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