Los misterios del anonimato: Historia de un violador

Por: Antonio Herrera

-Bebo y fumo, no uso crack ni mariguana.

Pero conforme avanza la cita me confías que realmente empiezas tu día con un toque que se alarga durante varias horas.

-En la escuela, antes de trabajar y para cerrar el día, un six de cervezas.

Contándonos intimidades, entre rock irlandés, casi a penumbras, te desenmascaras y me confiesas tu perverso y asqueroso secreto:

-Violé a un niño que tenía como 15 años.

Y aquí estamos, en esta desastrosa vida tuya que arruinó la de alguien más.

-No era mi intensión, pero así sucedió.

Doy un trago seco recordando como llegué aquí. Todo empezó con un primer click… con el cual te conocí.

– “You know I’m No Good” -describías en tu perfil de Tinder.

A los pocos días de pláticas intensas y preguntas correctas, te animaste y me dijiste.

– ¿Cuándo nos conocemos?

Y yo ya no quiero ni sé como seguir con esta noche en la que apenas te conozco.

-Bueno, yo no lo violé. Yo y uno más que conocí en la aplicación. -– me dices sin saber con certeza del para qué. – Ya lo tenía en la mira, así que fuimos a verlo jugar fut, fue cuando iba para su casa que lo drogamos con cloroformo…

¿Yo cómo estoy? No soy capaz ni de recordar tu cara y ya me quiero olvidar de ti. No soy juez y no me corresponde juzgarte, pero tampoco te lo voy a ocultar ni perdonar. ¿Tú cómo estás?

– ¡Claro que me arrepiento! – lo dices con lágrimas en los ojos.

¿Derecho me dijiste que estudiabas? ¿Arquitectura? Había varías cosas que me contaste en un principio que me hicieron tomarme tres cervezas contigo. Pero en ti aprendí a conocer los misterios del anonimato y ahora solo siento aberración por ti.

-Al final lo tiramos en donde vive. Yo ya no supe nada de ninguno de los dos.

Y yo estoy aquí arrepintiéndome de saber de ti. ¿Cómo dijiste que te llamabas?

-Arturo. -contestaste minutos más tardes cuando nos “conocimos” en la aplicación. – ¿y tú?

¿Pero con que certeza sé que es tu nombre verdadero? En ti creía poder conocer a un amigo y no a un violador.

– ¿Y usas esta aplicación muy seguido?

Te contesté con toda la verdad, de ahí que confiaras rápidamente en mí, así que te digo que pocas veces. Tan pocas veces que ahora dudo de los silencios que callaron los anteriores. ¿A quién conocemos en realidad?

-No sé ni porque estoy libre.

Ni mereces tener ni exigir libertad. Que tu alma se pudra y que tu víctima encuentre paz mental, que personas como tú no me dejan tenerla. Y borro la aplicación para alejarme de ti y dejar mi vida seguir. ¿Cómo poder seguir si ya le arruinaste la suya a quien sabe cuantos más?

– ¿De qué es lo que más te arrepientes?

Fue tu pregunta que te inculpó. Te vi tan normal, tan cotidiano, tan real, que no te oculté mi verdad, así que tú no te detuviste en contarme la tuya.

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