Los anti-AMLO están exhaustos

Por Pedro Pablo Cortés

La perspectiva de tener a Andrés Manuel López Obrador como presidente ha pasado de ser impensable a parecer inevitable.

La última encuesta de Reforma lo coloca con un 48 por ciento de las preferencias efectivas, es decir, excluyendo las personas que “no saben” o “no contestan”.

Estos son seis puntos más que la anterior medición, en febrero, mismos seis puntos que el panista Ricardo Anaya, su principal rival, ha perdido desde entonces para colocarse con 26 por ciento de los votos efectivos.

“López Obrador está rompiendo su techo”, expresó a Reuters Francisco Abundis, fundador de la encuestadora Parametría.

“Está creciendo de una manera que no se esperaba”.

En efecto, a inicios del periodo electoral, la charla entre la “comentocracia” era sobre el límite de apoyo que AMLO no iba a superar, la crisis de legitimidad de un presidente electo con apenas un tercio de los votos y la necesidad de una segunda vuelta.

Pero el candidato de Morena, PT y PES está rompiendo esos moldeos.

Y su mayor impulsor ha sido… el PRI.

Casi dos terceras partes de los encuestados por Reforma creen que la prioridad de la elección es “sacar al PRI del gobierno”, contra poco más de un quinto que prefiere “evitar que AMLO llegue a la presidencia”. El 10 por ciento dice que “ambas”.

Pero esto no significa que votar por López Obrador sólo sea votar contra el PRI.

Lo sorprendente de este ejercicio es que más de la mitad de la gente reporta una “buena/muy buena” opinión de AMLO contra menos de un cuarto que tiene una “mala/muy mala”.

Una de las lecturas de la victoria del gobernador priista Alfredo del Mazo en el Estado de México era que, al ver que su candidata caía, los panistas prefirieron votar por el PRI para que no triunfara Delfina Gómez, de Morena.

Los analistas de Reforma dicen que esto no está ocurriendo.

“Los votantes de Anaya siguen prefiriendo a AMLO antes que al priista (José Antonio Meade)”, reporta Lorena Becerra.

“Esto explica por qué el principal beneficiario de la erosión en el voto de Anaya es López Obrador y no el candidato del PRI”.

Los tradicionales sectores anti-AMLO ya se están adaptando a esta realidad.

“Los inversionistas parecen haber aceptado la inminencia del triunfo de López Obrador”, escribe Sergio Sarmiento en Político, “el peso se fortalece en lugar de debilitarse, la Bolsa de Valores sube.

“La victoria del morenista parece estar descontada. Ya no genera el miedo del pasado”.

Esto lo admiten las propias figuras del establishment empresarial.

“Lo que vemos del extranjero es que no hay tanto temor”, afirmó Rogelio Zambrano, presidente del Grupo Cemex.

Después de más de una década de campaña, esto es entendible.

Los trapos sucios de López Obrador ya están secos desde hace tiempo. Es difícil pensar en un ataque que lo hiciera caer.

Las cantaletas sobre que es un “peligro para México” o que “nos convertirá en Venezuela” ya no resuenan en un país cansado de sexenios de corrupción, estancamiento económico, militares en la calle y crimen en cada rincón.

Ya no hieren los golpes de la derecha, que lo increpa por su ignorancia económica, su tendencia al asistencialismo, su proteccionismo, su combate a la reforma energética, su cercanía con la CNTE y su cercanía a personajes como Napoleón Gómez Urrutia.

Pero tampoco los de la izquierda, que condena su obsesión con los combustibles fósiles, su ambivalencia sobre la comunidad LGBT, su ambigüedad sobre derechos reproductivos, su coqueteo con los grupos de ultraderecha y la inclusión de personajes como Alfonso Romo, Hugo Eric Flores, Germán Martínez y más panistas.

De cualquier lado del espectro político, las críticas contra Andrés Manuel parecen inútiles.

Los vientos políticos indican que, en esta elección, podrán más el ventarrón de la rabia anti-PRI y el aire de esperanza que representa AMLO.

Esto no significa que la gente deba darle un cheque en blanco, pues es sano cuestionar al probable futuro presidente de México.

Además, los últimos años nos enseñan que en política ya no hay nada impensable.

Pero, hasta ahora, lo difícil de imaginar es que AMLO pierda la elección del 1 de julio.

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