Una angustiosa espera

“Alguien que intenta olvidar un incidente penoso que acaba de ocurrirle acelera el paso sin darse cuenta, como si quisiera alejarse rápido de lo que, en el tiempo, se encuentra aún demasiado cercano a él.

En la matemática existencial, esta experiencia adquiere la forma de dos ecuaciones elementales: el grado de lentitud es directamente proporcional a la intensidad de la memoria; el grado de velocidad es directamente proporcional a intensidad del olvido.”

Milán Kundera

Por: Antonio Herrera

Vivo con ansiedad, constantemente insatisfecho por no alcanzar mis objetivos de forma inmediata y concreta, me angustio por lo que no puedo controlar.

Apenas empiezo a escribir y ya estoy preocupado por terminar, me falta aprender a disfrutar cualquier trayecto y dejar de sabotearme incluso antes de empezar. ¿Por qué surgen tantas preguntas que no me dejan estar en paz?, ¿la tranquilidad es algo que se pueda aprender?

Quienes hayan sentido esa presión sobre el pecho que no permite respirar en situaciones de estrés, entenderán que la temblorina incontrolable es igual de molesta e insoportable que la inconformidad por quién-sabe-qué.

En cuanto inicié la carrera, la plena satisfacción por comenzar algo totalmente nuevo duró un par de semanas, pues la carga de trabajo me transformó en quien continuamente se boicotea el hoy y el ahora por pensar en un futuro próximo o lejano.

Y ahora, que estoy de vacaciones, no dejo de preocuparme en los cientos de pendientes que tengo que retomar al regresar a trabajar. ¿Pero qué puedo hacer?, por el momento, solo esperar.

He intentado de todo: gotitas de valeriana, aceites de lavanda, medicamentos controlados, alcohol y mariguana. Los ejercicios de respiración y el ejercicio es lo que más me ha ayudado, pero la ansiedad explota desde mi interior, algunas veces más incontrolable y otras veces, simplemente, angustiante.

De pequeño sufría de bruxismo por las noches, ahora el insomnio es el que me gobierna sin siquiera saber por qué. Y que mi cabeza le dé vueltas para buscar una razón justificable me atormenta aún más.

¿He alcanzado el límite de mis capacidades? 120 latidos por minuto, cada segundo más lento que el anterior, dolor en la espalda baja y pensamientos que no puedo controlar. ¿Por qué no puedo estar en paz?

Las veces que he logrado subjetiva estabilidad, ha sido cuando me permito hablar con libertad o me encuentro en plena soledad. Pero aún así, siempre se presentan situaciones que logran ponerme tenso.

Pese a ser los problemas de salud mental más comunes en la población, los pacientes afectados no reciben el diagnóstico ni el tratamiento adecuado con facilidad”, constata un estudio del Hospital del Mar de Investigaciones Médicas de Barcelona.

¡Rápido, rápido! Hay que reaccionar. Estoy por terminar y no sé si logré expresarme acorde a tus necesidades. ¿Ahora qué pensarás de mí? Oh, mi continua intranquilidad hace que mi párpado izquierdo no deje de latir con violencia.

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