Recuerdos de una amistad sincera

Por: Antonio Herrera 

No me voy a permitir olvidarte. Incluso es impensable no cargar contigo a pesar de los años que no sé de ti. ¿Hace cuantos años que no nos sabemos?

Ocho, diez, quizá más, pero te tengo presente a diario pues mi cicatriz de la pierna izquierda continuamente me hace recordarte.

¿Te acuerdas de aquella vez? Seguro que sí. Yo estaba detrás de ti, aferrándome a tu cintura mientras acelerabas esquivando cada bache y cada coche que nos rodeaba pitándonos para quitarnos de su camino, pero justo cuando frenaste, los dos fuimos a dar al pavimento que nos dejó este recuerdo en nuestra piel.

Y ahora tú estás en otra ciudad y yo sigo en México. La ciudad ha cambiado tanto que cuando regresas, si llegas a regresar, poco vas a reconocer.

Después de tu despedida he conocido a cientos de personas, algunas con la calidez que tenías en ese entonces. Yo me he hecho más frío, me cuesta abrazar a la gente y mantener la mirada por tan largo tiempo.

A ti te podía ver por horas, platicar sin contar los segundos. Hace tiempo que no me duele la sonrisa de tanta felicidad a pesar de que ya he conocido las lágrimas por placer y alegría, pero no abrazo, con nadie logro aquella cercanía.

Esa otra vez, cuando distraída me volteaste a ver y me dijiste que estabas lista para madurar, me dolió el estómago por carcajearme y no creerte. En mi imaginario aún eres tan infantil como cuando a escondidas, nos escabullimos a nuestro sitio secreto a leernos nuestros futuros.

Ya estoy alcanzando el mío, estoy siendo parte de lo que pronosticaste sin tener certeza de en quien te has convertido tú.

Mis padres están bien, mi hermana es la que murió, la depresión la adelantó tal y como a tu madre. A veces te sentía más cercana a ella que a mí, entre mujeres se sabían entender a pesar de sus celos de ella hacia ti por el amor que nos teníamos.

Me lleno de alegría al escribirte, pero es un diferente sentimiento el que me invade y me acalora, a comparación de los primeros poemas que te llegué a dedicar. ¿Aún los tienes?…

Qué es de la vida en el instante después de que se vivió…

Aún tu recuerdo me llena, pero ya no me eres única. Quisiera enlistarte mis primeras veces contigo, pero podría confundirme y equivocarme, y no quiero hacerte sentir mal.

Pero hay algo que sí te quiero recordar, y no es que por ti sea quien soy ahora, pero empecé a darme cuenta de quien no quería ser. De alguna forma, tú me transformaste.

Y yo a ti. ¿Qué vicios son los que aún tenemos sin percatarnos de ellos? Entre el humo del tabaco se dibujan tus labios y los sigo recordando como mi primer beso.

No somos inmutables, aún en las cortas noches en que recostados nos dejamos adormilar, supimos que ambos habíamos de cambiar. Ahora otras experiencias tocan mi corazón, probablemente ya no nos comprendamos, pero estoy seguro que nos tenemos cariño.

Dibujo con mi mente tu recuerdo; tus chinos que explotaban con tu ingenuidad infantil, tu lenguaje acertado y el pensamiento tremendo que nos hacía retorcernos de experiencias.

No nos limitemos, sigamos viviendo, que nuestro recuerdo sea inspiración para seguir moviéndonos, para seguir gritando cuando nos sea necesario para permitirnos encontrar sentido en los silencios, nuestros silencios.

Si tu recuerdo logra llenar mi alma, ¿qué puede detenerme? Oh, aquella vez de nuestro gran pleito en donde sentía que mi mundo se derrumbaba… que incrédulos éramos.

Aún hay calles en las que cruzo y me llega tu aroma, aquella frescura violeta y violenta. Pero tu escancia es la que se esfumó contigo, la que no logro encontrar en nadie más y no me empeño en buscar.

Linda tu sonrisa y lindos tus ojos sin llegar a ser hermosa. ¿En qué rostros me reconoces tú?, pues algunas veces volteo pensando que era a ti a quien había visto, en otro perfume y distinta mirada, pero no, tú no pasarías de largo sin estrujarnos entre nuestros brazos.

Cuántas veces nos perdimos y nos guardamos secretos que nunca revelamos, aún te mantengo en el anonimato al hablar de ti, pues mencionar tu nombre puede calentar mis labios.

No te quiero ni mentir ni engañar, ya no me eres tan única, he encontrado tanta autenticidad en otras personas que me hace cuestionarme si fuimos verídicos entre nosotros.

Sí, no pudimos ser falsos, pero he de confesarte que estoy aprendido a ser y ahora me cuesta identificarme en plenitud, pues, así como me hiciste desconocerme, me cuesta bastante trabajo reconocerme.

Pero aún entre desvelos, me ilumino de mí, del ser que ambos construimos y destruimos. Silencio… que me llegó otro recuerdo tuyo, un memento vergonzoso en el cual abusaste, en donde me desnudaste del alma y logré soltarme en lágrimas sin alcanzar a confesarte mi verdad, pero ahora te la digo, te la digo en secreto para que los demás ni se percaten.

Hay que liberarnos, pero no de nosotros, pues no voy a permitirme olvidarte ni tampoco voy a permitir que tú lo hagas.

Ahora me siento más liviano, más natural. Tanto ha cambiado y poco hemos visto de nosotros que si me sentara a contarte nos sobraría el tiempo, nos dejaríamos fluir sin espacio.

No es que te necesite y espero menos de ti. Sé que has sido más linda de lo que pudieras desear incluso de ti. No me defraudes y sigue viendo esa mano que te pronostiqué, que te acercas lejos de mí.

Me falta paz. Y con esto me quiero despedir. Me causan desconsuelo tantas razones que te aburriría con ellas. Te abrazo.

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