Los mexicanos caen en la trampa de Trump

Por Pedro Pablo Cortés

Pasaron semanas obsesionados por la Caravana Migrante, pero ahora el presidente Donald Trump, los republicanos y los medios estadounidenses apenas y mencionan a los cerca de 7 mil centroamericanos que buscan llegar a Estados Unidos (EUA).

A la mañana siguiente de las elecciones intermedias, que ocurrieron este 6 de noviembre, el canal ultraconservador Fox News sólo mencionó “de pasada” el tema de la Caravana, luego de días de cobertura incesante.

Incluso, empleados de la Casa Blanca admitieron la motivación política del discurso de Trump sobre los inmigrantes, que salieron en octubre de Centroamérica.

“No importa que no sean 100 por ciento precisas (las declaraciones)”, confesó un alto funcionario anónimo a Daily Beast. “Éste es el juego”.

Pero si las diatribas de Trump fueron un engaño, los mexicanos mordieron el anzuelo.

Mientras en Estados Unidos la neurosis por la Caravana Migrante se quedó en cinismo electoral, en México sembró la semilla que hizo florecer la xenofobia.

A las declaraciones trumpistas se sumaron fake news, fotografías falsas, audios fuera de contexto y políticos dispuestos a incentivar el odio para su ganancia personal.

Esta fórmula bastó para que miles de mexicanos mostraran sin pudor su odio y racismo al protestar en redes sociales y calles contra los derechos de otros seres humanos.

En Tijuana, reconocida por su multiculturalidad, brazos abiertos y donde uno de cada dos habitantes no nació ahí, reporta BBC Mundo, cientos de personas han manchado la reputación de la ciudad al protestar de forma violenta contra los inmigrantes.

Acechado por una baja popularidad, el alcalde de Tijuana, Juan Manuel Gastélum (panista, por supuesto), ha avivado el odio y la xenofobia al despotricar contra la Caravana Migrante y usar una gorra roja con la frase “Make Tijuana Great Again”.

“Que me perdonen las organizaciones defensoras de DH, pero los derechos humanos son para humanos derechos”, ha manifestado el político del Partido Acción Nacional.

Al igual que él, miles de mexicanos han hecho suyas frases trumpianas.

Hablan de “inmigrantes invasores”. Piden de manera ignorante un “México para los mexicanos” sin entender que éste es un país indígena y mestizo. Justifican su racismo al alegar que “no están en contra de los migrantes, sino de su entrada ‘ilegal’”.

Los mismos argumentos que repiten una y otra vez los supremacistas blancos de Estados Unidos, ahora se oyen en bocas de mexicanos de piel de bronce y de güeros que se creen caucásicos.

Lo vemos en Tijuana y en lugares como Ciudad de México, donde la protesta contra la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México acogió a manifestantes que repudiaban a los “indeseables”.

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Manifestación en CDMX contra la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México

Y mientras unos lucen con orgullo su xenofobia, otros hacen volteretas mentales para excusarla.

Alegan que, si no tienen empatía o compasión, es porque hay un video por ahí de una mujer hondureña que se queja de los frijoles.

¿Qué importa que huya de la muerte, la violencia y la miseria, si es una “malagradecida”? ¿Por qué no acepta la ayuda que nosotros queremos dar? ¿Por qué no se conforma?

Estos mexicanos de repente se preocupan de todos los problemas a los que habían cerrado los ojos.

¿Y nuestros pobres?, ahora se preguntan. ¿Por qué no ayudan a nuestros indígenas?, cuestionan. ¿Qué hay de nuestras víctimas de la violencia?, gritan.

Todos los grupos a los que siempre discriminan ahora se vuelven el escudo perfecto de su xenofobia.

Yo sí creo que son una minoría, pues una reciente encuesta de Reforma, muestra que casi dos de cada tres mexicanos creen que el Gobierno debería permitir el libre paso de la Caravana Migrante.

Más de la mitad opina que México debería aceptar su solicitud de asilo y está de acuerdo con que reciban visas de trabajo.

Pero una minoría movilizada por el odio puede ser peligrosa, como exhibe Estados Unidos.

Por ahora, México es el último país contaminado por Trump, quien ha normalizado los discursos ultranacionalistas y discriminatorios en países desarrollados, como Reino Unido, y emergentes, como Brasil.

Impulsados por su ignorancia y desprecio, estos mexicanos han caído en la trampa, pero más que lastimarse a ellos mismos, nos están llevando a todos al desastre.

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