El éxito de “Roma” da una lección al mundo, pero también a México

Por Pedro Pablo Cortés 

“Roma” ya hizo historia.

Al competir por 10 categorías en los Premios Óscar, la producción del mexicano Alfonso Cuarón se convierte en el filme en español, con algunas partes en mixteco, con más nominaciones de la historia y la primera candidata a mejor película.

Esta hazaña histórica para el idioma español ocurre mientras varios cines de España imponen subtítulos a la película e, incluso, hacen una “traducción” con expresiones y conjugaciones asociadas al castellano peninsular.

“Roma”, una producción en blanco y negro que narra la historia de una empleada doméstica en medio de la convulsión de la década de los 70 en Ciudad de México, también es el primer gran éxito de Netflix ante la Academia de Hollywood.

Es con este filme, y no con una superproducción en inglés, con el que la plataforma de streaming alcanza su primera nominación a mejor película y el mayor número de candidaturas de su historia.

Además, Marina de Tavira es ahora la tercera mexicana en competir como mejor actriz de reparto, y Yalitza Aparicio en la segunda como mejor actriz.

Pero, de forma más sobresaliente, Yalitza es la primera mujer indígena en contender en esa categoría.

En un contexto en el que hay muestras de desprecio a la variante mexicana del español, Donald Trump paraliza el gobierno de Estados Unidos con tal de construir un muro fronterizo, y las empleadas domésticas y personas indígenas de México avanzan en el reconocimiento de sus derechos, el éxito de “Roma” es trascendental.

Y uno esperaría que los mexicanos apreciásemos la lección que esta obra de arte está dando al mundo.

Mas no es así.

En grupos de WhatsApp, en tuits y en pláticas con café o cerveza, muchos compatriotas acusan a la Academia de subirse el “tren del mame”.

Es decir, cuestionan que la producción tenga mérito.

Creen que si Yalitza está nominada debe de ser porque es lo “políticamente correcto” (sic), porque es indígena y Hollywood quiere quedar bien, o que en realidad no tiene talento y lo que hizo fue “cualquier cosa”.

Como siempre, México se ve forzado a recibir una lección del exterior.

Tiene que venir la crítica internacional a reconocer el trabajo de una mujer indígena y de piel morena para que nos fijemos en ella.

Aun así, hay quienes cuestionan su talento, su belleza, que aparezca en portadas de Vogue, que desfile en alfombras rojas o la posibilidad de que obtenga otro papel.

Porque aún nos cuesta creer que alguien con el color de piel y las facciones de Yalitza pueda tener éxito más allá de ser una maestra, empleada doméstica o vendedora de artesanías.

Porque, para muchos, que Yalitza alcance éxito es porque la crítica, la prensa y la industria le tienen lástima y decidieron, porque es “políticamente correcto” (sic), darle chanza.

Esta es una herencia del racismo y colonialismo que perdura en la sociedad mexicana, una que solo se siente capaz de idolatrar a artistas estadounidenses y europeos.

Una sociedad acostumbrada a que las revistas publiquen a personalidades blancas el 80 por ciento del tiempo, cuando al menos 65 por ciento de la población se considera morena o de piel obscura.

Una nación acomplejada en la que impera la metáfora de los cangrejos en las cubeta, en la que los crustáceos mexicanos, en vez de ayudarse el uno a otro a salir, jalan a aquel que va a tener éxito.

El éxito de “Roma”, y en particular el de Yalitza Aparicio, desafía ese paradigma del pensamiento mexicano, por eso es que a mucha gente le choca.

Es cierto que el hecho que Yalitza ahora vista ropa de diseñador, protagonice sesiones de fotos y aparezca en las páginas de moda de alta costura, no resolverá el problema de racismo.

Eso no es su obligación.

Lo que sí ha hecho es reavivar una conversación que siempre dejamos pendiente: la deuda que México tiene con los pueblos indígenas, con las personas de color más obscuro y con los más vulnerables.

Con su ejemplo, es hora de que dejemos de asociar la tez clara con el éxito y la obscura con la sumisión.

Porque lo que muestra Yalitza es que el país está lleno de personas con talento que solo necesitan una oportunidad, pero que son invisibles para una sociedad que se rehúsa a aceptarlas como iguales.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: