Es buen día para apreciar al amor

Por Pedro Pablo Cortés

Estaba a punto de escribir un texto más sobre la presidencia de Andrés Manuel López Obrador o del conflicto de Venezuela.

Pero hoy, 14 de febrero, más allá de las tarjetas, cenas, flores, chocolates, vino o lujos innecesarios, creo que es un gran momento para apreciar al amor.

No “apreciar” en el sentido de observar, de mirar a las parejas que van de la mano por la calle, que comparten un costoso plato en un restaurante o que batallan para conseguir la sorpresa perfecta.

Sino “apreciar” en la acepción de estimar y agradecer.

En esta época en la que arrecian los movimientos del odio que fomentan el desprecio contra los migrantes, las mujeres, la comunidad LGBT, las personas de color y otros grupos sin privilegios, es tiempo de revalorar el amor.

No me refiero solo al de pareja.

A veces vamos por la vida solos, atrapados en el individualismo al que esta sociedad nos orilla, con la cabeza agachada en el celular y los oídos envueltos en la música de nuestros audífonos, que no reparamos en las personas que nos rodean y nos aman.

Como homosexual y extranjero, estoy demasiado acostumbrado a las palabras de odio.

A oír en el metro una diatriba contra los inmigrantes, a soportar un comentario de racismo “casual” con personas aparentemente educadas, o a leer en Twitter y Facebook a gente obsesionada con que los gays merecemos la muerte y el infierno.

Esa violencia es aplastante, mas la salto para seguir en esa lucha por mi “sueño”, otro de los eternos fantasmas de esta sociedad contemporánea.

Pero no la ignoro, porque es imposible, y siento cómo mi corazón se apachurra de manera gradual.

Por ello, hoy quiero apagar un momento ese ruido y concentrarme en el amor.

A mi pareja y a mí nos separa un océano porque en mi camino al “éxito” vine a España.

Aun así, a pesar de esta soledad física que me aqueja, sé que su amor me acompaña.

Y pienso en lo bonito que es querer a alguien así.

A alguien que me ha visto en algunos de mis peores momentos, pero que en vez de hacerme sentir vergüenza me brinda fortaleza.

Y a alguien a quien quiero contagiarle mi alegría durante los mejores instantes de mi vida porque no le deseo más que felicidad.

También reflexiono sobre mis familiares y amistades, aquellas personas que de forma genuina me desean el bien, aquellas personas cuyos logros representan también mi satisfacción.

Qué afortunados somos de tener estas personas. Qué privilegiados somos quienes las tenemos.

Hoy, no quiero más que envolverme en ese amor y darlo yo también.

Cerrar los ojos e imaginar que ese sentimiento es un escudo ante el arma letal del odio que invade al mundo.

Entender que esa mano que se extiende, ese abrazo que se da o esas risas que se comparten son vida en esta tierra cada vez más estéril.

Valoremos el amor porque es un bien escaso

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