“Brexit” es una advertencia del peligro de legitimar al populismo de derecha

Por Pedro Pablo Cortés

Reino Unido podría tirarse al precipicio en cerca de un mes.

El persistente peligro de abandonar la Unión Europea (UE) sin un acuerdo de salida tiene al país al borde del abismo.

Las consecuencias que se vaticinan son aciagas: la economía podría caer en recesión o contraerse, la libra esterlina se depreciaría, farmacias y supermercados batallarían para surtirse, y viajeros y migrantes quedarían en la incertidumbre.

Por ello, es esencial reflexionar sobre cómo llegó este momento.

La culpa señala a los populistas de derecha que crearon una campaña falsa, alimentada por la xenofobia y basada en mentiras para provocar el “Brexit”.

Pero también apunta a los políticos “moderados”, como el ex primer ministro David Cameron, quien sucumbió a las voces de ultraderecha y prometió el referendo en las elecciones del 2015 por oportunismo y miedo a perder votos.

El desastre que está padeciendo el Reino Unido era evitable.

Bastaba ignorar los gritos de quienes exclamaban con neurosis que la Unión Europea le robaba soberanía a Gran Bretaña y la llenaba de migrantes.

Era suficiente confrontar con argumentos las palabras vacías de quienes apelaban a la irracionalidad, sin necesidad de llamar a una votación.

Es cierto que el líder de la oposición, el laborista Jeremy Corbyn, ha sido irresponsable al abordar de manera tibia la cuestión del “Brexit”.

Es verdad que su falta de liderazgo y su concepción de la Unión Europea como un proyecto neoliberal han abonado a la catástrofe.

Aun así, la historia del “Brexit” es una advertencia de lo que ocurre cuando se legitiman las voces populistas de la derecha.

Más que la estridencia de Nigel Farage y la excentricidad de Boris Johnson, la imprudencia ha sido de los políticos conservadores que los validaron.

“Hay que sentarlos en la mesa del debate”, “conviene escucharlos”, “no están del todo equivocados” y “tal vez sean racistas o xenofóbicos, pero tienen un punto” son pensamientos que, al igual que en otros países, han empujado a Reino Unido al vacío.

Los políticos que acaparaban los reflectores durante la campaña del “Brexit” ahora huyen del desastre que crearon.

Bastó solo un día para que aceptaran que habían mentido, previo al referéndum, en temas como la inversión al Servicio Nacional de Salud (NHS, por sus siglas en inglés).

Algunos, como Farage, simplemente se han escondido del caos.

Otros, como Johnson, vuelan como buitres en espera de que su país colapse para luego pararse sobre los escombros y reclamar el poder.

Y, de nuevo, el mayor problema no son ellos.

Pese a que el cinismo y oportunismo de estos personajes es evidente, la primera ministra Theresa May no entiende que es un despropósito intentar satisfacer sus caprichos.

Aunque merece mérito por ser la única política de todo Reino Unido dispuesta a tomar las riendas del “Brexit”, May ha sido miope y se ha obsesionado con las demandas de los “brexiters” duros.

La jefa de gobierno no ha conseguido un acuerdo por su inane intento de combinar posturas incompatibles, como el control migratorio y la permanencia en el mercado único de la UE.

En vez de buscar soluciones sensatas y factibles, la primera ministra está atrapada porque busca complacer a los populistas radicales de su partido.

No comprende que es inútil. Así como tampoco lo reconoció David Cameron. Y así como tampoco lo entiende quien insiste que los etnonacionalistas de ahora “tienen algo de razón”.

En Europa y en América están arreciando movimientos políticos que, inspirados en el éxito de los populistas de ultraderecha que impulsaron al “Brexit” y a Donald Trump, buscan un espacio en la conversación.

Bajo argumentos como “todos merecen un lugar en la mesa” y “si tienen tanto arrastre popular, hay que escucharlos”, moderados y liberales están abriendoles la puerta.

Pero si hay una lección crucial que aprender del “Brexit” es que las voces de los populistas de ultraderecha carecen de fundamento, por lo que permitirles gritar tan fuerte es una invitación al desastre.

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