La mirada que me juzga

Por: Antonio Herrera

Te escribo esta carta aún con el corazón roto, y enseguida percibo tu mirada entre estas líneas.

Pues si avanzo y doy un error, siento tu mirada que me juzga. Seguro es bastante de mi propia ilusión sentirme observado en momentos inadecuados, como en aquellas pláticas en susurros en las que siento algún vistazo penetrante que no me deja de seguir.

Ahí está… ese mismo momento que te incomoda también a ti. Que te encasilla y te ve para sentir un peso innecesario por cumplir.

Veme ahora. Sintiéndome que vivo como en The Truman Show. Y me derrumbo por querer saber la realidad del por qué siento que todo el tiempo me estás juzgado.

Vengo y leo por ti, para que al final de la noche pueda contártelo en cuentos. Tampoco te quiero mentir, pero hay momentos en que no te pienso, ni en nuestros momentos.

Cuando me concentro es placentero, hasta que siento algún murmullo por mi propia forma de ser. Me has dicho que no le de importancia. Y estoy seguro que más de una vez confundí mi nombre en otras bocas, pero tengo esta necesidad de satisfacer.

Liberémonos un poco para recordar como nos conocimos:

Los dos tímidos. Como no nos sabíamos el uno del otro, intentamos conocernos. ¿Lo recuerdas? Aún siento esa mirada.

¿Qué es una mirada?

Esa primera tuya fue inconfundible y llena de dudas. Incisiva por mi parte, cariñosa por la tuya según mi interpretación. Sin dejarnos de ver, me dejé fluir por menos del tiempo para saber que llamé tu atención.

Pero te vi por segunda vez y mis ojos estaban presentes para ti, tanto que aquella mirada también era una sonrisa.

Y ya no es la misma, que si sonrío ves dudas como si pareciera que no me conoces. Fue así, que ahora me ves con otros ojos.

“Sólo tu olvido me separará de ti”. Te lo dije en un cuento en el que seguro solo recuerdo yo. Pero es que tu presencia me fascinó para sentir la necesidad de provocarte de buena manera.

¿Qué es lo que ves ahora que te ha llevado a pensar eso de mi? Que lo que siento es que no hay persona que no deje de perderse en algunas mentiras que pudieron o pudieran ser verdad.

Me compensa la seguridad que aquella sensación tampoco te deja en paz, y por eso sonreímos en momentos incómodos en los que preferiría tener simple aceptación.

Siento peligro en mi mirada, ¿qué sientes en la tuya?

Preferiría irme sin saber que es lo que viste en mi, así como prefiero mantener en secreto aún algo que no pueda ser dicho de nosotros.

Ahora dicen nuevas cosas de mi, y no me sorprende. Que estoy muy flaco para mi edad y que olvido más cosas de las que debería. Pero me satisface que no seas tú quien las dice. Al fin… al fin fue una mirada tuya la que hizo que no me importara.

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