Espejo o En cuanto al futuro

Por: Antonio Herrera

Cuando confirmó que la exposición en el museo de Ramírez Vázquez iba a ser precedida por Mauro Díaz, sintió una especie de nerviosismo por la emoción de que al fin lo iba a conocer, o al menos presentarse como un enamoradizo seguidor.

Su mente se inundó con cientos de preguntas que ya tenía preparadas. Se moría por saber el por qué de su fascinación de retratar con ojos púrpura y los por qué del poco detalle que da en algunas transparencias, sobre todo cuando el viento es lo que pasa entre el cabello.

Se perfumó con un aroma de lavanda para bajar sus ansiedades, al fin aún faltaban 3 horas para la antesala que presentaría Mauro.

Inspirado por su encuentro, hizo unas líneas aún mas curvas sobre su pintura aún inconclusa, y dio un poco más de brillo en algunos detalles sobre el cuello y las muñecas de la sombra del fondo. Se arregló con cachemira y unos zapatos oxford que sabía le hacían ver bien.

Exactamente a la hora para la inauguración sintió un pinchazo en el corazón y un revuelco en el estómago. Caminó en su departamento haciendo nada con una angustia de que el tiempo no pasara más rápido, pues el mueso está tan solo 10 minutos de su casa.

Estaba todo medido, no había margen de error. Llegó justo a tiempo, en cada cuadro se abría paso entre los asistentes para contemplarlos. Se tomaba unos segundos para los que ya reconocía y distintos enfoques para las pinturas aún frescas.

Ahí estaban, sus ojos púrpuras como su firma. La misma paleta de colores fluorescentes en los pequeños rincones los entendía como una alegría en un momento en que se sentía al borde de la histeria por contenerse de expresar esa felicidad extrema de respirar los mismos óleos que Mauro.

-Jorge. -Le dijo cuando se presentó, siguiéndole una verborrea de su poca experiencia y méritos trabajados.

La exposición no lo decepcionó, y la oportunidad de escucharlo los dejó fascinado. Él ya se había ido cuando Jorge se quedó viendo por más rato la obra de quien es su inspiración, tanto que hasta los puntos fucsia de sus pinturas que veía en un principio ya no los encontraba más.

Hubo un cuadro en especial que le hizo estremecerse de sorpresa. Uno pequeño, todo dorado, que apenas reflejaba una pestaña o la parte del ojo que lo estuviera observando. “En cuanto al futuro”, lleva por título. Aún curioso, Jorge intentaba ver el reflejo de su iris que se pintaba púrpura.

Sin duda alguna salió mareado de la exposición, pero su corazón latía ya lento. No podía creerlo, aún lo veía en su mente, a él y a sus vívidos colores.

“Mi secreto está en lo que he sido, por eso cada uno tenemos el deber de descubrirlo”, le dijo Mauro a Jorge en una considerable multitud que esperaban la exposición principal.

Acalorado por el destello aún de las pinturas, regresó a su estudio para agregar un poco más de blancos a los arreglos que hizo durante su espera y empezar a terminar su colección que aún no tiene fecha ni lugar de presentación.

 

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