AMLO es el comunicador en jefe

Por Pedro Pablo Cortés

Las cartas de Andrés Manuel López Obrador a la Corona española y al Papa Francisco han sacudido Twitter, Facebook y los portales de noticias por cerca de 48 horas.

La idea de solicitarle a España y la Iglesia católica una disculpa por los abusos que cometieron en la Conquista contra los pueblos originarios de México causó un maremoto en ambos lados del Atlántico.

“Polémica”, “sorpresiva”, “controversial”, “absurda”, “polarizante”, “incómoda”, “justa”.

¿Pero en realidad qué importan estos adjetivos?

En plena campaña para elegir al próximo gobierno, los telediarios españoles traían las reacciones de los candidatos sobre el atrevimiento del mandatario mexicano.

Durante la visita de los monarcas españoles a Argentina, en la que el presidente Mauricio Macri pretendía destacar su hospitalidad, la atención viró a la posible reacción del rey Felipe VI a la petición de López Obrador.

Y para añadir limón a la herida, Felipe tropezó al decir “José Luis Borges”, en lugar de Jorge Luis, en su discurso en el Congreso de la Lengua Española en Córdoba.

Mientras el gobierno español rechazó “con firmeza” la petición de AMLO, la Iglesia católica se apuró a aclarar que los tres últimos Papas ya pidieron “perdón”.

No habrá conseguido (aún) la disculpa de la Corona española, pero el presidente de México obtuvo algo que siempre quiere: ser protagonista de la noticia.

Esto que sucedió a nivel internacional es solo una muestra del poder que López Obrador tiene para marcar la agenda de comunicación mexicana.

Independientemente del mérito que tiene este debate, destaca la capacidad de Andrés Manuel de crear y dominar narrativas.

Lo que hace, lo que dice y hasta lo que come el presidente es noticia.

Detrás de esta lógica están sus “mañaneras”.

A sabiendas de que la televisión sigue siendo el principal medio de información para la mayoría de los mexicanos, López Obrador irrumpe en los noticieros matutinos con sus palabras.

Y las empresas mediáticas lo adoran.

Al igual que Trump en Estados Unidos, AMLO ha creado una relación de amor-odio con los periodistas.

Aunque la prensa sea “fifí” o de la “mafia del poder”, pocas veces la gente ha estado tan interesada en las noticias.

Para aplaudirle, escupirle o reírse, los mexicanos están pegados a las pantallas de sus televisores o celulares: quieren saber qué hace o dice el presidente.

Intrigados por algún anuncio, asustados por su nueva ocurrencia o listos para convertir sus palabras en meme.

No interesa el sentimiento que evoque, lo que importa es la acción que desata.

Porque incluso en noticias como el abucheo que recibió en el estadio de béisbol de los Diablos Rojos, López Obrador le da la vuelta a la tortilla.

Lo convierte todo en una discusión ya común y cómoda para él, en este caso sobre los “fifís”.

Los medios muerden el anzuelo y los seguidores de AMLO también.

Cuando siente que está perdiendo a sus intelectuales orgánicos y a la progresitud tuitera, López Obrador sabe cómo regresarlos al huacal.

Aquellos que denunciaban a la #MinistraContratista y al conservadurismo lopezobradorista, ahora deben defender la postura de izquierda anticolonial ante los derechistas y los “whitexicans”.

Si todavía no ha quedado claro, es momento de reconocer a Andrés Manuel como el presidente de los simbolismos.

Si la prensa y la oposición en verdad están interesados en ser contrapesos, es hora de que actúen en acorde a esta realidad.

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