La culpa es cosa de mujeres

Por María Julia Castañeda

En esta sociedad las mujeres siempre tendremos la culpa.

Tengo un nudo en la garganta, me siento impotente y no sé cómo procesar lo que está ocurriendo en las redes tras el suicidio de Armando Vega Gil luego de que fue denunciado por acoso sexual hacia una niña de 13 años en la cuenta @metoomusicamx. 

Tengo dos opciones: hago como que no pasa nada o escribo. Me decido por la segunda.

Me siento agotada y me queda clarísimo que, si a mí o a cualquier mujer nos agreden o nos matan, va a ser culpa nuestra, así como ha sido culpa de tantas cuyas historias han quedado en el olvido. 

No estoy siendo dramática, pero es que ser agredida o acosada está tan normalizado en esta sociedad, que ahora resulta que los problemas emocionales de los agresores también son algo con lo que la víctima tiene que cargar.

Lamento mucho la muerte de Armando y no creo que ningún espacio sea el adecuado para discutirla, a menos de que se hable de salud mental, así que trataré de no mencionarla.

Lo que sí tenemos que discutir es la incapacidad de nuestra sociedad de crear espacios seguros para que las mujeres denunciemos la violencia a la que estamos expuestas día a día.

Día a día correr el peligro de ser atacadas, manoseadas o violentadas en nuestras casas, en nuestros trabajos y en nuestras calles; por cómo vestimos, por qué decimos, por con quién nos juntamos, por cómo hablamos, porque nos callamos, porque nos aislamos, porque no nos vestimos como dicen que tenemos que vestirnos, porque alzamos la voz o porque guardamos silencio por años. 

Nosotras siempre tendremos la culpa. 

Es triste ver cómo la reivindicación de las mujeres por nuestros derechos despierta molestia en algunos hombres. Me da pena el #MeTooHombres.

Es ridículo ver cómo en las redes se forman grupos de hombres y de mujeres machistas que están tomando un suicidio como una excusa para atacar a un movimiento que lo que busca es darle voz a las mujeres y niñas que por años, meses o días se han callado por miedo, que no han encontrado en las autoridades el apoyo suficiente para denunciar a sus agresores, porque sus familias o las instituciones en las que laboran no les creyeron o simplemente porque esta sociedad ¡nunca le cree a las mujeres!.

El suicidio de Armando Vega vino a desenterrar la mierda más asquerosa que habita en esta sociedad.

Se me revuelve el estómago al ver que hay machitos que se jactan de tener la razón de cómo es malo darle tanto poder a los testimonios anónimos porque pueden causar la muerte de una persona.

¡Por Dios! Ahora resulta que hasta despachos de abogados se están organizando para defender a los hombres y otros están viendo cómo le hacen para impulsar una ley en defensa del honor.

¡Una cosa no tiene que ver con la otra!

Pero parece que una muerte les vino a dar fuerza para levantarse en contra del feminismo: el movimiento que les quita privilegios porque convierte a las mujeres en seres libres iguales a los hombres. Y a muchos esto no les gusta.

Los argumentos que utilizan para desacreditar el #MeTooMx son tan “sólidos” como los que usan para desestimar el delito de feminicidio: “Mueren muchos más hombres que mujeres en el mundo”, “¿Por qué la vida de una mujer vale más que la de un hombre?”.

Discusiones a las que las feministas siempre nos vamos a enfrentar: a veces con gusto y otras con indiferencia, pero a las que ya estamos acostumbradas, vaya.

Toda persona que ha leído el código penal federal o los estatales (aunque no aplica en todos los estados) comprende que se tuvo que tipificar el delito de feminicidio para castigar con más fuerza los asesinatos de mujeres por el simple hecho de ser mujeres.

 Y aunque en México los primeros 2 meses del 2019 se tuvo un récord en feminicidios con 147 casos registrados, hay que ponerle atención a esas malditas ‘feminazis’ que son un peligro para la vida y dignidad de tantos hombres.

A pesar de que 147 mujeres fueron brutalmente asesinadas a manos de hombres: a golpes, violadas, mutiladas, desolladas y/o sus cuerpos abandonados hasta en basureros.

En algunas partes de las redes sociales esto parece una lucha entre géneros.

Algo tan aburrido y retrógrada que está poniendo a pelear a muchas y a muchos.

Por favor, no caigamos en esto.

Sigamos avanzando en la lucha por una sociedad más justa en la que todas las personas, sin importar nuestro género u orientación sexual, tengamos los mismos derechos.

Felicidades a todas las valientes que están alzando la voz.

Este movimiento es histórico en México y aunque nos aten las manos, nos venden los ojos o nos quieran tapar la boca, ya no nos vamos a callar.

Que la culpa no es nuestra y todo siempre cae por su propio peso.

 

 

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