Hombres: las mujeres no son responsables de nuestra salud mental

Por Pedro Pablo Cortés

“No se culpe a nadie de mi muerte”, escribió antes de suicidarse el músico mexicano Armando Vega Gil, apenas unas horas después de que lo acusaron de acosar y abusar de una niña de 13 años en la cuenta @MeTooMusicaMX.

“Esta –el suicidio–, es una decisión consciente, voluntaria, libre y personal”, prosiguió el bajista y vocalista del grupo Botellita de Jerez.

Pero estas palabras fueron en vano.

Los machistas explotaron el suicidio de Armando Vega como una excusa para frenar al movimiento feminista #MeToo.

Como si la salud mental del agresor fuese responsabilidad de las víctimas, hombres culparon a las feministas de la muerte del músico, expone María Julia Castañeda en El Chal.

Es justo este tipo de pensamiento donde radica el problema.

El machismo en la sociedad hace que los hombres veamos a las mujeres como responsables de nuestra salud mental.

La masculinidad tóxica que nos inyectan desde pequeños ha enfermado la inteligencia emocional de los hombres.

Desde chicos se nos enseña que solo hay dos emociones que un varón puede expresar en público: el enojo y la alegría, moderada a menos que se trate de un partido de futbol.

Cuando un niño llora, el padre lo regaña y la madre lo consuela.

Cuando un niño llora, sus amigos se burlan y sus compañeras lo defienden.

Así, los niños aprendemos que para un hombre es más aceptable mostrar violencia que vulnerabilidad.

Ante esta masculinidad tóxica, los hombres empezamos a depender de las mujeres para nuestra salud emocional.

Al ver que una charla sincera de nuestros sentimientos con otros hombres es difícil y hasta peligrosa, empezamos a usar a nuestras madres, hermanas, amigas y novias como terapeutas.

Les arrojamos un peso que ellas no merecen cargar.

Las mamás se convierten en las mediadoras de conflictos de las familias ante la incapacidad de dialogar de papás, hijos y hermanos.

Los jóvenes vuelcan sus emociones en sus amigas, quienes se convierten sin quererlo en psicólogas.

Las novias se ven forzadas a lidiar con el cúmulo de sentimientos que sus parejas son incapaces de expresar en otra parte.

¿Y aun así nos preguntamos por qué las mujeres están tan hartas, agotadas, cansadas y abrumadas de los hombres y nuestra violencia?

Como si eso no fuese suficiente, hay hombres “progresistas” y “aliados” que critican a las mujeres por no “incluirlos” en la lucha feminista.

En lugar de afrontar a sus congéneres, se lamentan de que las mujeres ofenden sus sentimientos al no permitirles tener voz en un movimiento que precisamente busca que al final sean ellas quienes hablen y nosotros quienes escuchen.

Las mujeres tienen ahora que cargar con la violencia que sufren, los sentimientos de sus supuestos “aliados” y la salud mental de sus agresores.

En tanto, los hombres seguimos siendo incapaces de lidiar con nuestras propias emociones.

Porque los machistas tendrán razón en algo: por cada mujer que se suicida hay casi dos hombres que hacen lo mismo, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud.

Pero ellas no son las responsables, somos nosotros.

Esto no es culpa del feminismo.

El culpable es el machismo que desde pequeños nos despoja de nuestra salud emocional porque nos vuelve incapaces de lidiar con nuestros sentimientos.

Toca a nosotros, y solo a nosotros como congéneres, cambiar eso.

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