Coach de vida o “El punto medio”

Por: Antonio Herrera

I

Seguía lo difícil. Acostarse con Diego le pareció sencillo, pero escribir una biografía de él le parecía una tortura por tanto procrastinar. A pesar de que lograron distintas posiciones, Laura seguía encontrando poco encanto no de su persona, sino de su profesión.

Se hacía llamar “coach de vida”. La primera entrevista fue el 5 de mayo, y bastaron dos semanas para que ella accediera a seguir la plática con una botella de vino rioja en el departamento de Diego.

Información era lo que sobraba y por objetivo tenía resaltado en bold “escribe de lo que cree y cómo lo contagia a otras gentes, pero tiene que ser tan largo como un libro”.

Él no se tardó en hablar de su metodología, exagerando gestos y gesticulando decía como le había cambiado la vida a cientos, impulsando el punto medio de cada persona.

“Deberías de ir a alguna de mis charlas, la próxima es éste 10”. Dijo dando un trago a su bebida para permitir dar paso a los comentarios y preguntas de Laura.

Realmente apuntó poco durante las entrevistas. Apenas para su cuarta reunión empezaba a parecer una cita. Le parecía encantador, con algo de carisma que también le contagiaba un poco de felicidad.

Y no había mentido, cerca de 300 personas lo fueron a escuchar esa noche. El que hablaba frente a ellos era el mismo Diego del que había intentado hacer apuntes coherentes cuando estaban solos los dos, en todas sus reuniones Laura había logrado apenas tres hojas y media con dibujos en las orillas.

La noche de “la capacitación” no pudo dormir. Recordaba como acentuaba ciertas palabras y a quienes miraba directamente. A quienes les preguntó, que fueron más de un puñado, le dijeron a Laura que les ayudaba para encontrar la verdad sobre ellos mismos para mantener un balance de vida.

En toda la charla Diego nunca pronunció nada sobre la verdad ni de como encontrarla, lo que le llamó la atención fue cuando dijo que no todas las cosas son bellas, apuntó: “eliminando el criterio humano, hay que aceptar que hay fealdad en las cosas, y como personas nos corresponde embellecerlas o ignorarlas y no hacer de ellas un problema”.

Dos días después fue Laura la que no dejaba de hablar y de lanzar preguntas. ¿De que verdad hablaban sus seguidores y cómo se refería a ellos?, ¿Por qué regresaban y por cuánto se quedaban?, y al final, siendo más coqueta, ¿Cómo se mantenía firme entre tantas personas?

No hablaría mal de él, el libro sería la perspectiva de Diego desde la visión construida de sus seguidores, y sobre todo recalcar la medianía con la que predica.

II

Siguieron saliendo después del deadline, pero ella entendió algo que Diego no terminó de comprender. Ya algunos blogs y periódicos empezaban a hablar de algunos coachers que no hacían más que estafar. Aún así, Laura entendió que ella consensuó no solo las primeras veces, sino que también llegó a tentar más de una vez.

Dejó de verlo no por su profesión, sino que él empezó a demostrar el ego que ella no soporta. Laura no buscaba una relación tan siquiera seria, y también sabía que Diego la empezaría a ver como una “aprovechada” cuando empezara a escribir, pero ni siquiera lo intentó con él, pero bien sabía aprovechar una oportunidad para lanzar una buena pregunta que la ayudara a ser mejor novelista.

Así fue que conoció a Pamela, su socia. Ella le respondió que Diego solo era provocador con sus clientes más importantes. Pudo haber sacado mucha más información de Pamela, incluso en el poco tiempo que estuvo con ella escribió más de lo que apuntó de Diego, pero tuvo que viajar con él a Monterrey a finales de mayo para seguir impulsando el punto medio de las personas.

Tan rápido había sido su romance que ni tiempo real hubo para empezar a encariñarse. Y no es que no lo quisiera ver, sino que ya no encontraba motivos. La última vez que se encontraron, le pareció como si hablara estando en un escenario repitiendo frase tras frase de alguna película o de un libro. Palabras que pareciera que ya había escuchado antes y que las hacía sonar muy sensatas.

Ya habían pasado varios meses y la publicación no se había realizado. Le sorprendió a Laura cuando recibió un arreglo de flores con una invitación:

“La fealdad de las cosas”.
Por: Diego R.
22 de febrero. Malaquita Rooftop.

Laura sintió lo más parecido a la traición, era su libro, lo que había escrito publicado por alguien que la había creído aprovechada. Laura no lograba comprender como había podido haber robado su historia, pero tampoco había tenido respuesta de su editora desde su entrega.

Volvió a leer la biografía recordando que, en alguna cena, él empezó a hablar sobre “el punto medio”. Ya había escuchado algo en la única conferencia a la que Laura fue. Se notaba nervioso y apenas pudo entender lo que decía Diego. Claramente hablaba de las virtudes, pero intentaba hacerlo sonar tan complejo que terminó tomándose media botella de vino para relajarse, lo que le aflojó de más la lengua, aburriendo y molestando tanto a Laura que se fue sin siquiera un beso o un intento de pagar la cuenta.

Sabía que él era perspicaz y también sabía que partes cambiaría a su favor, así que estaba lista para para contraatacar y terminar de contar su historia con toda la fortaleza de ella. Tenía en claro como desmentirlo. Cuando empezó a escribir se sentía ya más tranquila, terminándolo justo el en el auge de su relativo éxito lo publico en internet. Como venganza personal le escribió como dedicatoria:

“Para Diego R: Una perspectiva de tu medianía.”

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