Estados Unidos nos exporta odio y armas. Es hora de frenarlo

Por Pedro Pablo Cortés

El tiroteo de El Paso es el ataque terrorista más grande contra latinos en Estados Unidos.

No hay manera de evadir esta realidad.

Del total de 22 muertos, ocho eran ciudadanos mexicanos, más otras víctimas que tenían raíces hispanas por vivir en una ciudad donde más del 80 por ciento tiene ascendencia latina.

Antes de cometer la masacre, Patrick Crusius, un hombre blanco estadounidense, publicó un “manifesto” contra la “invasión hispana en Texas”, un estado que en 1821 era parte de México y en el que la frontera fue la que cruzó a la mayoría de los latinos.

El lenguaje que usó este supremacista blanco es similar al de Donald Trump, quien ha utilizado una retórica evidentemente xenofóbica y racista desde que era candidato y que solo se ha exacerbado como presidente.

Además de esto, el atacante usó un rifle de asalto estilo AK-47 que compró de manera legal, informó el jefe de la Policía de El Paso.

Esto recuerda a dos elementos más de Trump: el primero es que él se rió cuando, durante un evento en Florida, uno de sus simpatizantes sugirió dispararle a los inmigrantes para detenerlos en la frontera.

Y el otro es que durante los últimos dos años y medio de su gobierno ha debilitado las regulaciones para poseer armas y ha fomentado el acceso a ellas, reveló el medio Politico.

Por estas razones, es un acierto que el gobierno y la sociedad en México condenen, finalmente, las armas y el odio que nos está exportando Estados Unidos y, en particular, Trump.

“Consideramos este acto un acto de terrorismo en contra de la comunidad México-norteamericana y de nacionales de México en los Estados Unidos”, declaró Marcelo Ebrard, el secretario de Relaciones Exteriores.

El presidente Andrés Manuel López Obrador también empieza a apuntar a la raíz del problema: las pistolas.

“Vamos también, siendo muy respetuosos, a seguir insistiendo para que haya control en la venta de armas, que no se pueda adquirir las armas en cualquier centro comercial como sucede, sin ningún control, eso no pasa en nuestro país”, manifestó el mandatario.

Es cierto que las medidas y las declaraciones de los funcionarios mexicanos son simbólicas y débiles.

Pero es momento de detener el racismo y las pistolas que salen de Estados Unidos y afectan a México y al resto del mundo.

Y la manera de comenzar es dejar atrás los eufemismos.

“Llamemos al atroz acto de violencia del sábado por lo que es: un crimen de odio cuidadosa y decididamente dirigido a la comunidad inmigrante e hispana. Es un acto de terrorismo nacional”, escribieron 39 líderes latinos en un artículo del Washington Post.

“Muchos no querrán escuchar o creer esto: los hispanos en este país están bajo ataque. Personas negras y morenas en este país están bajo ataque. Inmigrantes en este país están bajo ataque”.

“Y el presidente Trump está avivando las llamas del odio, la división y la intolerancia dirigidas a todos nosotros: inmigrantes y ciudadanos estadounidenses por igual”.

Cada vez hay más expertos que relacionan el la retórica de odio de Trump con el incremento de crímenes de odio en Estados Unidos, donde en 2017 crecieron en un 17 por ciento comparado con el año anterior para situarse en 7 mil 175.

Ese discurso de odio se está extendiendo a México, donde las amenazas de Trump de imponer aranceles han provocado que la opinión pública y las políticas del gobierno se vuelvan más xenofóbicas.

Pero si hay alguna exportación estadounidense que de forma excepcional provoca muerte es la de las armas.

Se estima que más de siete de cada 10 pistolas o rifles confiscados en México provienen de Estados Unidos, país del que se trafican más de 200 mil armas cada año, la mayoría de ellas compradas de forma legal.

El fin de la prohibición de la venta de armas de asalto condujo a un incremento de homicidios en México, cita una investigación publicada en el American Political Science Review.

Los lugares con más armas tiene más homicidios relacionados con un arma de fuego, según un estudio de la Universidad de Harvard.

Y Estados Unidos es el país del mundo con más pistolas en manos de civiles, pues tiene un total de 390 millones de armas, lo que significa que hay más de 120 por cada 100 habitantes, reportó la BBC.

Además, 40 por ciento de la población reconoce tener un arma de fuego en casa.

La situación en México no cambiará hasta que reconozcamos que esas armas y ese odio no se quedan en casa, ni en Estados Unidos.

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