2019: El año en el que perdí el miedo a la mediocridad

Por Pedro Pablo Cortés

“¿A qué le tienes más miedo?”, preguntó hace años un amigo. 

“A la mediocridad”, respondí sin demora.

Hoy, varios tropiezos después, ya no estoy tan seguro de eso. 

Sin pudor confieso que el 2019 ha sido uno de los años más difíciles de mi vida.

Detrás de mis publicaciones de Facebook y mis fotografías de Instagram se esconden historias de tristeza y dolor que me costaron muchas lágrimas.

Inicié el año tras las 12 campanadas de la Puerta del Sol, en Madrid, donde esperaba con anhelo 12 meses brillantes con éxitos y plenitud.

Pero no fue así.

A los pocos días y los cuantos meses, me ocurrieron una serie de eventos desafortunados que me llevaron a experimentar una depresión como pocas veces había sentido.

Estar al otro lado del océano, en “el primer mundo”, con las expectativas ajenas de que tenía que gozar y alcanzar lo mejor, solo me provocó mayor angustia.

“¿Qué hago aquí? ¿Por qué vine?”, eran preguntas que punzaban de forma constante mi cerebro.

Y justo cuando lograba adaptarme a mis prácticas en una agencia de noticias a nivel internacional, donde empezaba a disfrutar lo que hacía, algo ocurrió que me obligó a interrumpir mi camino.

Esta noche, la última de la década de los 2010, estoy frente a mi computadora en mi departamento con la satisfacción de, por fin, despedir un año dulce amargo, uno que probó como nunca mi entereza y salud mental.

Ahora, después de tocar fondo en aspectos clave de mi vida en este y los últimos años, no creo que la mediocridad y el fracaso sean el peor de los destinos.

No lo digo porque signifique que dejaré de esforzarme por lo que quiero, sino porque es una presión insufrible aspirar todo el tiempo a conseguir la idea de perfección y éxito que la sociedad nos ha construido. 

Al enterrar este temor, puedo disfrutar de cosas que a veces doy por sentado: las nuevas amistades que encontré este año, los viejos amigos que redescubrí, el cariño de los familiares que me quieren y aceptan, y el amor de mi pareja.

También puedo apreciar los regalos de la vida, que a veces son finitos, como una bella tarde por el parque, el café de las mañanas y una noche de baile.

Y, aunque aún lidio con problemas de identidad, me quiero y me acepto más que nunca.

Me enorgullece saber que, tras tantos altercados, me muestro cada vez más tal y como soy, sin remordimientos por mi lugar de origen, mi personalidad, mi cultura y mi orientación sexual.

No tengo reparos en silenciar una conversación tóxica, ya sea en Twitter o en el mundo real.

Claro, dentro de los obstáculos que afronto, también admito que tengo privilegios y trabajo para que el mundo sea más justo para todas las personas.

Por eso, hoy quiero brindar por un año y una década en la que superemos la precariedad que nos tiene oprimidos. 

Por que reencontremos el amor de quienes nos rodean y perdamos la obsesión con alcanzar una idea prefabricada de éxito.

Por un mayor disfrute de los momentos y una mayor responsabilidad con las cosas que realmente importan.

Y, en mi caso en particular, por mayor aceptación de la incertidumbre y mayor goce del camino y los compañeros de viaje.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: