Pérdida o lo que no se llevó la pandemia.

Por: Antonio Herrera

I

A principios del año me leyó mi tarotista que iba a estar rodeado de muertes.

De inmediato pensé en los que ya les veía una cercana; quizá uno de mis abuelos o algún conocido con cierta enfermedad, algunas historias de malos tratos y cuidados también pasaron por mi mente. Continué por pensar lo evidente.

También me dijo que iba a tener algunas alegrías, que veía algunos nacimientos y una mudanza a un país donde no se habla español.

La tarotista no miente, años atrás ya me había leído mi fortuna y la falta de otras buenas suertes.

Esa misma tarde llegué con Juan, y después de un gran beso le dije que también había visto un futuro largo con él.

Yo lo vi también en las cartas; la primera representaba una batalla perdida, los cuerpos estaban tirados en el campo; las siguientes cartas fueron un edén, una serie de espadas con una carta de enamorados entre ellas, y al final, un nómada en tierras áridas.

Pasaron dos meses y llegó la pandemia.

Juan y yo decidimos aislarnos y no ponernos en riesgo, disfrutar lo nuevo de nuestro amor. Cada quien siguió su rutina y evitamos pensamientos que nos pudieran afectar a los dos.

De diferentes formas comenzamos a llevar una relación. Nos esforzamos en comer bien y hacer lo que se cree de una vida saludable y en pareja. Encontré en cocinar para él una forma de demostrarle todos los días una linda forma de aprecio. Le leía mis párrafos favoritos en los tiempos libres.

Él también fue lo que siempre se dice cuando uno está enamorado. Poderlo disfrutar fue en nuestro pequeño paraíso, que los demás llamaba pandemia allá afuera, lo que nos hizo acercarnos en un espacio de tanta intimidad a los seis meses de conocernos y comenzar nuestra relación.

En cuanto nos dieron homeoffice se fue a vivir a mi departamento.

– “Las espadas son tus impulsos, mucho de lo que tienes y de lo que has perdido son por ellos. Lo que más me preocupa es esta batalla, en definitiva la pierdes, y por eso te sale el nómada de al final”.

Tenía que tener razón. Ese mismo día Juan me dijo que su hermana estaba embarazada, más tarde mi roomie se iba del departamento porque ya le faltaba poco para dar a luz.

Él regresó a pintar.  Algunas veces, ya entrados en el encierro y desesperados por nuestros humores, se quedaba largo tiempo pintando lo que se teme en el aire. Nunca había conocido alguien como Juan, alguien que parecía devorar sus oleos para explotar sus frustraciones.

– “Te dejé un regalo, pero no te va a gustar”. – Me decía cuando ya estaba en la cama sin saber si lo escuchaba.

Atrás de la pintura se podía leer aún fresco, como cuando se escribe desesperado, “esto no va a durar y lo sabes”.

Le pregunté si se refería a nosotros o a la pandemia, y le dije que yo también me sentía desesperado de este encierro del que apenas llevábamos cinco meses.

Decidimos ir a visitar cada quien a su familia, nada de riesgos y todas las libertades. Esa noche nos despedimos yo leyéndole una biografía o alguna noticia que a los dos nos interesan por largo rato, nos dimos un último beso antes de que pasáramos el resto del año separados, pues él no regresaría hasta diciembre.

Ese fue el edén. Esa intimidad que viví al principio con Juan la volví a vivirla con mis papás.

Fue un regreso a mis principios más remotos. A un hogar católico que perdona y que también pide, y por aprender que en algunas formas también me compadezco.

De ahí en adelante todo el tiempo pasó más rápido. 60 mil muertos y un terror allá afuera.

II

Si han ido al mercado de San Juan sabrán que ahí se lee el tarot. Ahí trabajo yo. También vendo palo santo, cuarzos, santas muertes, y cuando me lo piden algún primo, también hago amarres.

Aprendí tarot desde chica y a cuerazos. A cuerazos porque si se me trababa la lengua o dejaba de hablar, me pegaban con un cuero de chivo.

No, ahorita ni vayas, que yo ni he abierto, ya se me murieron dos tíos y una sobrina más grande que yo. Solo leo a domicilio.

Pues mira, la carta muerte realmente es buena suerte con otras cartas, es como nuevos inicios y el cierre de otros ciclos. Las espadas pues sí son traición, pero no siempre de los demás, pero si son número negros son estrategias bien jugadas.

No, no, no. Estoy segura que todo lo que digo es porque las cartas hablan por si solas, pero luego hay raza que viene cada ocho días, y por mi está bien, pero tampoco le tienes que abrir tanto las puertas al destino.

III

Juan y yo regresamos en diciembre a esta ciudad. La primera noche tomamos un te de aljezar que le regaló su hermana y me enseñó algunos de los bocetos o fotos de algunos cuadros que pudo avanzar, yo le leí un párrafo morboso que me recordó a él.

Su hermana tuvo un aborto espontaneo y a él le dio coronavirus, ambos sin mayores complicaciones.

Fuimos a cenar y pasamos más tiempo al aire libre, pero lo que nos unió realmente fue una forma de encierro, de los dos a obligarnos a estar en una relación. La libertad no es para mí, más de alguna vez estando de vuelta con él, crucé la mirada con alguien más sin conocer el resto de su rostro.

Empacó todos sus cuadros menos uno que me regaló, el que tiene la frase de que todo acabará. Ahora por la calle se habla de una nueva normalidad, y la repito en mi cabeza para dar una explicación o intentar encontrar sentido en estos cambios repentinos.

Enero otra vez y voy con Esther.

Salió el nómada seguido por una estrella. Vinieron otra vez espadas y dos cartas que no me supo leer.

“Ves este niño, pero también está el rey, me preocupa la espada en medio. Cierras con bufón, pudiera significar éxito o burla, todo depende de ti”.

Hubo un momento de incertidumbre en mi mente. Atravesé la calle y sentí un fuerte espasmo en el pecho, en la otra calle estaba Juan besándose con una mujer.

Seguí mi camino, no volteé a ver a ninguno de los dos, y en un fuerte instinto decidí cometer un acto violento y de rebeldía, al fin ahí tenía la estrella.

IV. – Final

Estimada Esther:

No sé si estoy aquí o estoy viviendo esta realidad, que me lanzaras tres veces el nómada no deja de hacerme sentido.

Se me cumplieron todas tus suertes y ahorita no estoy para que me lances otro juego. Regresé con Juan, mis abuelos murieron y no me importa haber arruinado mi último trabajo, te lo juro pude seguir bailando sin algún arrepentimiento, soy ese bufón que me dijiste.

Te escribo porque te extraño, y porque se que crees más en las cartas que en otra magia, y para que me lances, por favor, una carta de suerte, una que me ayude a saber que no estoy cometiendo un error. 

Te escribe,

tu nomadita.

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